Chica desmotivada

Es frecuente que para motivar a nuestros equipos organicemos alguna charla inspiradora. ¿Cuánto duran sus efectos? ¿Dos días? ¿Cuatro? En ocasiones puede regalarnos una idea reveladora o incluso hacernos levantar de la silla. Pero el lunes siguiente tendremos el mismo escenario que genera nuestra desmotivación. ¿Qué podemos hacer para incrementar la motivación de nuestro personal? ¿Dónde enfocamos nuestros esfuerzos? ¿En motivar? ¿O en averiguar cómo nos desmotivan ciertas actitudes que consciente o inconscientemente aplicamos? Porque como imaginarán, son dos fuerzas diferentes.

Parece que desconocemos u olvidamos que lo que motiva y desmotiva pueden ser aspectos distintos. Hay elementos que su ausencia desmotiva. Sin embargo, su presencia no motiva precisamente. Son los llamados elementos “higiénicos”. La salud es un ejemplo. Cuando no la tenemos, sentimos dolor, angustia o temor. Pero cuando disfrutamos de ella, parece que no la valoramos, y nos enfocamos en otras cuestiones. Lo mismo sucede con estos aspectos.

En el año 2000, Javier Fernández Aguado publicó un artículo (Sesenta y cinco técnicas contrastadas de desmotivación) donde reflejaba en cuatro grupo de acciones lo que producía desmotivación en las organizaciones: lo que hay que decir, lo que no hay que decir, lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer.

Y ello nos deja la gran pregunta con las que quisiera retarles con esta reflexión: ¿dónde nos enfocamos? ¿En motivar o en eliminar lo que desmotiva? Esta es una cuestión determinante, porque definirá cómo y dónde invertimos en las emociones de las personas. Además, del diferente coste económico que ello supone.

Elementos desmotivantes

Indaguemos si lo que está condicionando el estado anímico y motivacional de nuestra gente es la presencia de algunos de estos elementos. Porque si fuera así, tenemos el gran reto de eliminarlos y evitar estos elementos de desmotivación.

1.- Factores operativos

Son los que afectan a nuestra operativa diaria. Si tenemos falta de recursos, ya sea materiales, de personas o de tecnología, ello repercutirá en el rendimiento, el nivel de estrés o incapacidad para poder trabajar de forma productiva. Y qué decir de las condiciones de trabajo: espacios con ruido, mal acondicionados, etc. Igualmente podríamos hablar de la excesiva burocracia que ralentiza cualquier operativa o desanima cualquier iniciativa.

2.- Factores humanos

En este caso hablamos de elementos que minan directamente el alma, la pasión o el compromiso de la persona. Un salario injusto o diferencias salariales en la misma categoría, ya sea por tradición, favoritismo o diferentes convenios, puede ser causa de queja constante y de sentirse infravalorado o no respetado por la organización. Otros factores podrían ser un mal clima laboral, que generara un ambiente tóxico. Los motivos pueden ser varios: rumorologías, competencias estúpidas entre departamentos, mal liderazgo, falta de orgullo por la empresa, etc. Y cómo no, la conciliación, no sólo física, sino mental y emocional. Si no sabemos o no podemos desconectar por nosotros mismos o nuestro jefe/a no nos lo permite fuera de nuestro horario diario o en fines de semana, todo ello generará desmotivación.

3.- Factores jerárquicos

Cualquier forma agresiva de dirigir, no cumplir con las promesas, no reconocer el trabajo, mostrar favoritismo, ser egoístas, llegar tarde y hacer esperar, pueden ser elementos que revelen una falta de respeto que desde luego será percibida por las personas víctimas de ello.

Como podemos ver, antes de buscar elementos motivadores extrínsecos o intrínsecos, tal vez tengamos que mirarnos al espejo como organización y ser conscientes de nuestras técnicas de desmotivación hacia las personas.

Por un lado, seríamos coherentes con esa máxima de “las personas son el centro de nuestra organización”. Pero por otro, la inversión sería mínima. O al contrario, podría ser muy cara, pues supondría cambiar una cultura. Y esto ya es harina de otro costal.