Proposito de voluntarios

En ocasiones el valor de las cosas está en observar los efectos de su ausencia. ¿Cómo es una vida o un trabajo sin un propósito? Parece que no debe ser tan duro, puesto que hay muchas organizaciones y personas que no lo tienen. Su día a día es o bien hacer tareas sin significado o disfrutarlas porque en sí mismo la propia tarea les aporta felicidad (o “Flujo” como diría Mihaly Csikszentmihalyi). Porque a nivel intrínseco tenemos dos factores que nos aportan motivación: el propósito y/o el disfrute de la propia tarea. Y tener ambos, ya sería gloria. Aunque aquí habría que matizar, siempre y cuando, no se tengan elementos “higiénicos” que vayan vaciando el “cubo de la motivación” (bajo salario, injusticias, falta de respeto, ausencia de recursos, etc.).

¿Qué supone tener un propósito como organización?

Implica darle un sentido a nuestra existencia, ya sea para “cambiar el mundo” (Steve Jobs a John Sculley-Ceo de Pepsi-cuando quiso contratarle), “llegar a la luna antes que los rusos” (Kennedy definiendo la misión de la Nasa en 1962), o sencillamente “generar felicidad en nuestros clientes”. Pero no sólo eso. Su valor está realmente en alinear todos nuestros objetivos, recursos, personas y esfuerzos. ¿Lo que estás haciendo o cómo te estás comportando está alineado con nuestro propósito? Es la gran lupa para evitar dispersión, hipocresías y falta de eficacia en nuestro día a día.

Igualmente es la gran fuerza que compensa nuestros sacrificios. Saber que tu trabajo está ayudando o siendo útil, por ejemplo, a familias, niños o personas con alguna necesidad, es un ungüento para las heridas del esfuerzo. No importa la tarea. No importa el qué haces. Importa el por qué lo haces. No tenerlo resta capacidad para inspirar a los equipos y a las personas. Y cómo no, a los clientes. Como afirma Simon Sinek en su explicación del Círculo de Oro, “la gente no compra el qué haces. La gente compra por qué lo haces”.

Un ejemplo de cambio de propósito

Imaginen que son responsables de una compañía de Seguros de Vida y Salud, donde sólo se piensan en los accionistas. La estrategia irá encaminada a que los clientes usen los servicios lo menos posible. Y la interacción de los empleados será únicamente para manejar reclamaciones.

Sin embargo, Vitality (compañía británica) fijó como propósito “hacer que la gente tenga mejor salud y mejorar y proteger sus vidas”. Esto cambió radicalmente la estrategia, puesto que el trabajo ya no es gestionar reclamaciones, sino empujar a los clientes a hacer ejercicio, comer bien y chequear su salud regularmente. Su interacción para mejorar sus vidas genera fidelidad, pero a la vez esto reduce gastos y costes de salud. Y si le preguntan a un empleado de la compañía, su trabajo ya no es “gestionar gente cabreada”, sino “ayudar a mejorar vidas”. Hay diferencia ¿verdad?

Igualmente el propósito conecta a las personas. No importa su raza, sexualidad, origen o pasado. Nos une un sueño, una causa, un por qué. Es la estrella polar que guía y da significado a una tarea a veces tediosa o aburrida. Es lo que llena el cubo de la motivación cuando se es consciente de formar parte de algo más grande que uno mismo.

Pero también permite hacer crecer a las personas. Si conseguimos que todos los integrantes de una organización privada o pública, lo construyan, sientan y se vinculen con ello, podremos darles autonomía, porque sabrán lo que hacer y cómo gestionar cada problema. Sustituyo el yo, por el propósito.

¿Qué debemos hacer?

Veo diariamente empresas y profesionales (profesores, médicos, abogados, directivos, funcionarios, etc.) que se han olvidado de su propósito. Lo que una vez les movió a hacer sacrificios o a canalizar una vocación, se ha perdido. Lo ves en sus formas de tratarte y de tratarse a sí mismos. Y las razones pueden ser varias: un sistema que les frustra, falta de recursos, jefes que confunden o incluso desmotivan. Han perdido su “swing”.

Pero tenemos una misión. Y no hay excusas. Debemos parar, incluso recogernos, dedicando tiempo para encontrarlo. Hay personas que te dicen que lo han perdido o que no saben cómo encontrarlo. Otras que es muy duro ponerse a ello. Tal vez sí lo sea, pero puede que sea tan duro en la misma proporción en que te has olvidado de ti mismo, priorizando a otros o incluso a tu organización antes que a ti. ¿Qué propósito daría un sentido a tus tareas? ¿Qué generaría que te apasionaras? Debemos respondernos esto para tener una vida con significado.

“Si no sabes por qué lo haces,

Nunca encontrarás tu fuerza interior”