Para conquistar el futuro, hay que conquistar primero el presente. Este es el gran reto. ¿Lo estamos haciendo o seguimos anclados en la queja y en el pasado de cómo vivimos? Si me permiten la metáfora, acabó el tiempo de los “dinosaurios” (gran cantidad de clientes) donde se podía “cazar” (vender) fácilmente. Hoy la realidad nos obliga a aprender nuevos modelos de negocio y nuevas herramientas para adaptarnos al nuevo paradigma que nos sobreviene. Y esta adaptación es la que nos hará conquistar el futuro.

¿Cómo hacerlo? Desde la humilde y seguro que parcial visión me atrevería a sugerir lo siguiente:

1.- Borrar la memoria: la felicidad, el éxito o cualquier sensación se basa en la comparación. Siempre estará más motivado un nuevo empleado sin la memoria histórica de lo que se hacía o del cómo se hacía antes. Hay que vivir en el presente, con las variables que están en juego y asimilando las nuevas reglas de funcionamiento.

2.- Acostumbrarse a la incertidumbre. Para la mayoría de nosotros, nuestra educación se basó en la seguridad: si te casas con esa persona será para siempre… si sacas dos carreras y dos idiomas más un máster serás consejero delegado… tu creencia religiosa es la única verdadera… los malos son los otros… Y así un sinfín de creencias que han sido destrozadas por la propia realidad. La incertidumbre, sí ésa que vive el autónomo como parte de su adn, ha entrado en las oficinas de las pequeñas, medianas y grandes empresas. Habrá que acostumbrarse y saber gestionarla.

3.- Pasar de agricultores a cazadores. Hemos estado en una sociedad donde esperábamos los frutos en forma de clientes, subvenciones, etc. Se acabó. Hay que salir a buscar al cliente. Hay que salir a cazar. Y eso supone desentumecer ciertas neuronas acomodadas a “despachar”, más que a vender.

4.- Fin de la “cigarra” y admiremos a la “hormiga”. En otras palabras, recuperemos la cultura del esfuerzo, desde los negocios hasta en la educación (donde se ponen los pilares para el futuro). Qué tiempos aquellos que con un par de llamadas se vendían unos pisitos, o se compraba un campo de golf. Esto alucinaba a nuestros abuelos. Pues ahora, la fiesta de la “cigarra” se acabó, y es la hormiga la que tiene futuro. Se acabaron los grandes pelotazos o las grandes intermediaciones. El nuevo paradigma es que estamos, como decía un empresario en la III Guerra Mundial sin balas, o como me atrevería a decir, en una posguerra, donde más que derechos (abusamos de ellos) hay responsabilidades cómo es la de sacar todo esto para adelante.

5.- Formación, formación, formación. Hace unos días le preguntaba a unos amigos ex millonarios, cuánto dinero de lo que habían ganado en los últimos años lo habían invertido en su propia formación, ya fuera en España o en el extranjero. Sus expresiones fueron claras: ¡nada! Todo lo habían gastado en rolex, regalos, coches, viajes, etc. Así les va ahora, que no saben dónde encontrar el “maná”, al no haberse formado para aprender o leer futuros negocios que surgirán o para reinventar lo que estaban haciendo.

6.- Humildad. ¿Por qué una persona se cree mejor que otra? ¿Es el dinero o el poder el único criterio para el éxito? Este periodo está poniendo en su sitio a mucha gente que cayó en la arrogancia, el despotismo y la soberbia. ¿Podemos generar riqueza para nosotros y para los demás, desde la humildad y la conciencia de que debemos respetar y colaborar con otros?

7.- Sentido común: estoy seguro que en estos años, muchos gestores habrán descubierto el derroche y la falta de control en los costes. ¿Por qué no se hacía antes? ¿Por qué se viajaba por cualquier razón en lugar de utilizar la videoconferencia, como de hecho se hace ahora? ¿Por qué no utilizábamos el sentido común para las compras, negociaciones, y las propias relaciones personales?

8.- Productividad: ¿hay alguna empresa en este país que responda a los correos que envían CV? ¿Cuánta ineficiencia había y hay todavía en nuestros procedimientos? ¿Hay alguna empresa que responda a las propuestas enviadas en tiempo y forma acordada? Porque observo que se pierde mucho tiempo volviendo a insistir en verificar la falta de profesionalidad de los receptores. Por no hablar de nuestro horario “español”. En esto deberíamos aprender de los europeos: más eficiencia y más tiempo para estar con la familia o para la vida personal.

9.- Juntarse con profesionales con calidad humana: antes veíamos un negocio y a pesar de la dudosa reputación o de la baja calidad humana de nuestros socios, el pastel era demasiado goloso. Ya estamos viendo las consecuencias. Incluyamos la calidad humana en la fórmula de hacer negocios.

10.- Pensemos en un “ganar ganar”: he podido observar muchos negocios que se venían abajo porque “o me lo llevo yo, o te hundo”. Así nos va. Es la competencia destructiva. ¿Por qué no pensar en cómo ser mejor en lugar de cómo te hundo? Es como el envidioso: él no quiere mejorar (tendría que trabajar mucho), lo que realmente quiere es que el otro se hunda. ¿Hay algo más patético?

Estos son algunos de los nuevos paradigmas que considero tenemos que interiorizar en nuestro software mental. A partir de ahí, asumir que estos tiempos son un nuevo reto, muy duro, pero que nos guste o no, tenemos que gestionar.

O empleamos parte de nuestras neuronas o energía en quejarnos y lamentarnos, o las ponemos a trabajar con los valores antes mencionados en construir un nuevo mundo (primero el de cada uno) muy diferente al que vivimos en nuestro reciente pasado.

Razones para el optimismo hay: los buenos seguirán vendiendo; la innovación aportará muchas nuevas oportunidades; salir de nuestro entorno (local, regional o nacional) puede ser todo un descubrimiento, etc.

En resumen, o aprendemos en qué fallamos y formateamos nuestro disco duro con los nuevos valores para conquistar el presente, o me temo que en futuro se repetirá.

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