Recientemente en una conversación de piscina (de esas que tenemos en verano) pude contestar a una de esas preguntas que te persiguen durante largo tiempo, y a la que es necesario responder para tomar una decisión, en parte vital.

Cuando intentas hacer cambios, automáticamente se generan enemigos. Unos porque pierden poder, otros porque tienen que salir de su área de confort, y otros porque en su estilo de vida está el fastidiar toda iniciativa. Ello genera que se produzcan conflictos y la temperatura (cual olla a presión que cocina una transformación de los ingredientes) aumente. Sin el aumento de esta temperatura no se cocinaría, pero si es demasiada alta, la olla explotaría. El reto del líder es mantener la temperatura en la Zona Productiva de Desequilibrio, tal y como explica Ronald Heifetz de la Harvard Kennedy School.

Pero cuando lideras estos cambios, hay varias reacciones:

1.- No hacer nada: es lo que la gente quiere: “no me toques mi parcela, ni me incomodes”.

2.- Luchar: supone aguantar la incertidumbre, la incomprensión y el desconcierto ante lo desconocido.

3.- Huir: significa dejarlo en manos de otros. A veces no se enfrentan a las situaciones y se camufla el problema para que el próximo que venga lo resuelva.

4.- Recurrir a una autoridad: las instituciones y grupo humanos esperan de su Director que mantenga las cosas tranquilas, que no haya inestabilidad, pues para eso se le contrató. De ahí que muchas organizaciones mueran por no haber generado ningún cambio. Era mejor cobrar y luego marcharse con una gran indemnización. Lo contrario es que esa autoridad se convierta en el problema, más allá de lo que se quiere cambiar, pues personalizamos el enemigo en él, y no en el cambio que nos hará mejorar o sobrevivir en el futuro.

Hasta aquí la situación que se puede vivir, pero la gran pregunta que me hacía era: ¿cuál es el nivel de tolerancia de cada persona? ¿por qué unos aguantan más los ataques de los enemigos (mentiras, acoso, cotilleos, ataques directos en prensa, etc.)? ¿Por qué gente buena tira la toalla y auténticos cretinos aguantan todo lo que se les diga? ¿Por qué gente con valores es capaz de morir por una noble causa y otros no?

Pues sí, en una charla de verano con el presidente de una compañía, llegamos a determinar los elementos que a nuestro parecer determinan el nivel de tolerancia ante el ataque de enemigos:

1.- Compensación económica: este es un factor que aumenta el nivel de tolerancia en un alto porcentaje. Frases como “para eso se te paga” o “está incluido en el sueldo” pueden resumir la fuerza de este factor. O tal vez, lo que se obtenga por fuera del sueldo…

2.- Ambiciones: en muchas ocasiones, se soporta un acoso y un malestar, porque es un escalón a puestos más relevantes. Es el precio que hay que pagar para ascender.

3.- Un ideal: ¿Por qué personas como Mahatma Gandhi, Martin Luther King y otros muchos héroes anónimos estuvieron dispuestos morir por lo que defendían? Un gran ideal, una misión, o saber que tus acciones van a mejorar la vida de otros puede ser un gran pilar que ayude a soportar cualquier ataque.

4.- Personalidad: está claro que algunos tipos “duros” (por personalidad o callos) apenas les afecta la hostilidad. En el otro extremo están las personas más sensibles que les quebrarían oír mentiras o ataques personales.

5.- Necesidad: de cualquier tipo, ya sea económica (un sueldo con el que subsistir) o de tipo psicológico que demanda su ego. ¿Cuánta gente no se ve sin el título del cargo, sin teléfono ni coche oficial? O si me permiten entrar en la vida personal, ¿cuánta gente aguanta humillaciones por no quedarse solo/a?

Va a ser la mezcla de todo esto, lo que determine nuestro nivel de tolerancia ante la hostilidad de los que quieren que desistamos de nuestro proyecto. Conocer nuestro aguante, la capacidad de distribuir la tensión, el valor que supone el proyecto para nuestra vida, etc., determinará nuestro nivel de  tolerancia. Una misma persona no soportará nada en un contexto concreto, mientras que en otra situación luchará incluso hasta morir.

En fin, que bienvenido descubrir nuestros límites de tolerancia para saber hasta dónde llegar o qué hay que superar para seguir creciendo.