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  • ¿Qué nos dice este vídeo? A menudo nos encontramos con obstáculos en nuestra vida y cuando aparecen hay tres opciones: (1) quejarse y no parar de quejarse, (2) esperar a que otros lo resuelvan (incluso aunque se tengan buenas ideas para solucionarlo) y (3) la más válida, ponerse en marcha para cambiarlo. Es curioso y simbólico, cómo la persona que toma esta actitud es un niño. Los adultos se quedan en sus coches esperando a que alguien les resuelva el problema, o simplemente, activan su cuerpo y su mente, para quejarse. Pero hacer, no hacen ¡nada! Considero que es buen reflejo de nuestra sociedad actual y de otras muchas que han existido. Todos anclados en la queja, en el reproche, en la parálisis, esperando que venga otro a resolverles el problema.

  • ¿Nos suena esta escena? ¿Acaso no la hemos vivido cuando hemos ido a alguna institución pública? Parece que no existimos. También existe en alguna empresa en donde existen los llamados “reinos de taifas”: este es mi terreno y no me importa lo que les sucede a otros. Yo salvo mi trasero, y que cada uno se resuelva su problema. ¿Qué genera esto en las organizaciones? Sin duda, cuando es de cara al público es más frecuente encontrarlo en la administración pública, ya que falta una regla primordial: “acción – consecuencia”: qué importa lo que haga, si no me va a suponer ninguna consecuencia. En cambio en las empresas, tan pronto descubran que se trata mal y se pierden clientes, hay consecuencias. Pero en lo público no. ¿Hasta cuándo? Lo curioso es que los personajes

  • “¿Todos los pueblos somos estúpidos?”, es lo que nos pregunta este cabreadísimo presentador de la televisión brasileña. Y esta reflexión va a colación sobre la famosa frase “tenemos los gobiernos que nos merecemos”. ¿Es cierto ello? Aquí se habla de “orgía de dinero público”, pero parece ser que es algo común, me atrevería a decir, a todos los pueblos democráticos y no democráticos (estos sin duda son peor, pues nunca se descubre o hay muy graves consecuencias para quienes lo hacen). Pero ¿saben lo triste?. Pues como dice el enfadado presentador “… y no les va a pasar nada porque este es un pueblo estúpido que no reacciona”. ¿Es realmente estúpido el pueblo? Recientemente leyendo un artículo en El País de Victor Lapuente Ginés (“La paradoja de

  • Lo inimaginable. Esto es lo que la tecnología nos va a ir acostumbrando. Desde aquella época de las transparencias, a la aparición del “powerpoint”, su posterior superación indiscutible por el Key Note de Mac, a esta impresionante presentación en forma de video-juego de los resultados financieros de un producto. Sin duda estamos en el mundo visual y para existir y que nos recuerden hay que sorprender, impactar, grabarles una experiencia. De otra manera, seremos más de lo mismo. Ya no solo en las presentaciones ante un público o clientes, sino en cualquier elemento que formen parte de nuestra “marca personal”, hay que ir innovando. Y si no, copien. Pero eso sí, háganlo bien. No hay nada peor que una mala copia.

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